De reclamarle a ser su abogado

Verás.

Hace más de 15 años tuve una experiencia curiosa que todavía hoy me acompaña.

Un cliente me contrata para reclamar una deuda a una constructora.

Mando un burofax y me llama el administrador de la empresa deudora.

Lo normal en estos casos ya lo conocía: evasivas, largas, excusas.

Pero esta vez fue distinto.

Me habló con honestidad.

Me contó que no podía pagar, que la crisis le había destrozado y que buscaba la forma de cumplir.

Durante esos días mantuvimos varias conversaciones.

Me preguntaba por el concurso de acreedores, cómo funcionaba, qué debía hacer.

Y yo fui tajante desde el principio:

“No puedo asesorarte mientras tengas pendiente la deuda con mi cliente.”

La dispensa era clara:

Si quieres que hablemos de tu empresa, primero paga a mi cliente.

Y así lo hizo.

Pagó.

Hablé con mi cliente, me confirmó que no había problema y, desde ese momento, pude asesorarle sin conflicto de intereses.

Ese administrador, que empezó siendo el deudor al que reclamaba, se convirtió en cliente.

Y no en un cliente cualquiera: llevamos más de 15 años trabajando juntos, en concursos de acreedores y en todo tipo de asuntos jurídicos.

De reclamarle…a ser su abogado de confianza.

La clave estuvo en algo muy simple y muy escaso:

Su honestidad para dar la cara y buscar soluciones, y mi claridad para fijar las reglas desde el principio.

Como en El Círculo.

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