Y para que
Todos los días te levantas y te pones la toga.
Y si no es literal, es mental.
Luchas por los derechos del cliente.
Por la justicia.
Por la verdad procesal, o al menos, por una versión que les beneficie.
Ese es el por qué.
Pero nadie te pregunta el para qué.
¿Para qué montaste tu despacho?
¿Para qué te hiciste autónomo?
¿Para qué pasaste de firmar nóminas a enviar facturas?
Te lo digo yo:
Para ser libre.
Libertad para ganar más que un abogado por cuenta ajena.
Libertad para decirle a un cliente “no, así no”.
Libertad para apagar el ordenador un jueves a las 3 de la tarde y llevar a tu hijo al cine.
Libertad para no depender de nadie más que de ti.
Ser abogado independiente no es una medalla.
Es una herramienta.
Una palanca.
Para que tú mandes sobre tu vida. Y no al revés.
Y si aún no has conseguido esa libertad, no es culpa tuya.
Solo te falta un sitio donde se hable de todo esto.
Donde no solo se habla, se hace.
De la potencia, al acto.
Entra ya.
O sigue luchando… sin saber para qué.
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