Nadie te llama
Nadie te llama cuando las cosas van bien.
¿Lo has pensado?
En los abogados nadie se acuerda cuando las cosas van bien.
Cuando se casan.
Cuando les toca un pellizco en la lotería.
Cuando les contratan.
Cuando les ascienden.
Cuando son padres.
Cuando son abuelos.
En los cumpleaños.
En las navidades.
Nadie se acuerda de ti cuando las cosas van bien.
Tú eres el espectro de la guadaña.
Ese cuya llamada hace temblar las piernas del destinatario.
Traes las malas noticias, a veces -las menos- las buenas.
Que si el proceso dudara demasiado.
Que si a ver con qué pie se levanta el juez.
Que si esa prueba es débil.
Que cómo se hizo eso…
De todas las llamadas que haces a tu cliente, en realidad solo hay una con buenas noticias, y no siempre.
A veces ni eso.
Todas las demás son malas, o al menos, no buenas.
Y a ti tampoco te llaman para darte buenas noticias.
Te llaman para preguntar qué hay de lo suyo.
Para saber qué estás haciendo.
Para preguntar qué es eso que le has mandado.
Para pronosticar un plazo o un resultado.
Para eso.
Y sabes… no pasa nada.
Es el juego amigo, amiga.
Y no lo vas a cambiar.
Acéptalo.
A un forense nadie le da las gracias.
Siempre hay alguien con una profesión más ingrata que la tuya.
Por eso tienes que aprender una cosa, a agradecerte a ti mismo, por tu constancia, por tu perseverancia, por ser profesional, por darte de comer, a ti y a tus hijos, por darte una vida; solvente.
¿Te has parado a agradecerte todo lo que te das?
Hazlo.
Te lo mereces.
No esperes nada de los clientes, salvo su maldito dinero.
Y rodéate de gente que te ayude, a quien llamar cuando te sientes solo/a, cuando tienes dudas, cuando necesitas otra opinión.
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