Y si no vuelvo

Ya estoy en el Pilar de la Horadada.

Francia quedó atrás.

Ahora tocan playa, piscina y no hacer absolutamente nada.

Relax total.

Y, claro, con tanto sol y tanta calma… me hago la pregunta:

¿Podría vivir así?

Quiero decir…

Si pudiera dejarlo todo,

si tuviese dinero de sobra para no tener que trabajar,

¿dejaría la abogacía?

La respuesta rápida es no puedo, porque no soy millonario.

Pero imaginemos que lo fuera.

¿Lo dejaría?

Pues mira… tampoco.

Porque esto es lo que sé hacer. Quizá lo único que sé hacer.

Y no solo eso: se me da bien.

Y disfruto haciéndolo.

¿Por qué renunciar a eso?

Lo haría de otra manera, sí.

Con más calma. Aún.

Eligiendo aún más los casos.

Diciendo aún más veces “no”.

Pero seguiría trabajando.

Aunque reconozco que, estos días,

uno se lo plantea.

Y si me quedo aquí…

Y si no vuelvo…

Pero es una pregunta trampa.

Porque ahora hace buen tiempo,

pero también llegará el invierno.

Porque ahora estás descansando,

pero luego vendrá el aburrimiento.

Porque ahora no quieres ni oír hablar de plazos,

pero luego te pica el gusanillo.

Así que no.

A la pregunta de si no volvería, te respondo claro:

Sí, sí que vuelvo.

Y lo haré con las pilas cargadas.

Y con más ganas que nunca.

Ahora, eso sí…

Unos días más de piscina, por favor.

Y que se pare el tiempo.


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