Del silencio obligado al derecho a decir
En 1199, el papa Inocencio III soltó la perla:
«Si eres abogado, ni se te ocurra defender a un hereje».
Prohibido.
Sanción.
Infamia perpetua.
Ocho siglos después, hemos avanzado.
Muchísimo.
Hoy hay defensa letrada, presunción de inocencia, garantías procesales.
Pero ojo: eso no significa que esté todo hecho.
Porque seguimos en un sistema que no pone al ciudadano en el centro del proceso.
Al que se le calla y no se le escucha.
Quien ni siquiera puede hablar en su juicio, salvo que lo pida el enemigo.
Un sistema que paraliza la justicia en agosto como si las disputas se fueran a la playa.
Y aquí hay un serio debate entre el derecho del justificable a la tutela judicial 12 meses al año — no olvidemos que es un derecho fundamental — y el derecho de los abogados a descansar.
Debate y problema que tiene una fácil y posible solución:
Que te dejen de decidir a ti cuándo quieres parar, dejarte elegir tus propios 30 días inhábiles.
Cada profesional los suyos.
Y sí, es posible.
Sí, hemos pasado de que nos prohibieran hablar…
…a tener que pelear por poder trabajar (y descansar) con dignidad.
El enemigo ha cambiado.
Pero la batalla sigue.
Y callarse…nunca fue una opción.
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