Me manda un audio y le expulso del despacho

Flipa.

Me llega un posible cliente por Instagram.

El marketing funciona.

Está interesado en que le lleve el concurso de acreedores de su empresa.

Pese a ser la primera consulta, como lo que voy a hacer es venderle mis servicios y pavonearme de todo lo que sé sobre concursal, no cobro nada.

Ya sabes mi filosofía; si es finalista cobro, si es comercial no.

Total que le pido los balances para ver la empresa y descubro que tiene el balance negativo.

Como lo oyes.

No el patrimonio neto, no.

El Balance.

Esto es, activo y pasivo NEGATIVO.

Esto es algo metafísicamente imposible, pues este señor lo tenía.

Le explico que esta contabilidad esta regulinchi y se queda muy sorprendido.

Hasta ahí llega mi acción comercial, a partir de ahí, ya suelto el precio.

A bocajarro.

“Mis honorario son X”.

La cosa es que se sorprende del precio.

Le parecía mucho.

Y se empieza a quejar de todo; de su vida, de la injusticia, de su asesor, etc.

Mi respuesta: “habla con él y me dices, pero puedo ayudarte para arreglar esto”.

Ahí termina la llamada.

La cosa es que al día siguiente miro el móvil y veo que me ha mandado un audio de WhatsApp de 22 minutos.

Mis ojos fuera de órbitas.

No escuché el audio, ni pienso escucharlo.

Es una falta de respeto.

De un posible cliente o de un amigo.

Es un secuestro.

Bueno, vuelvo al tema.

La pelota está en su tejado.

Tiene mi disposición y mis honorarios.

Si quiere algo más de mí tiene que pagar.

Y no mandar más audios.

Mientras tanto, está expulsado de mi despacho.

¿Cómo gestionar pelotas, tejados y expulsiones del tuyo?

AQUÍ ENTRAS.

PD: A bocajarro.


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