Eres empresario

La abogacía es dura.

Sin duda.

Tiene días muy duros.

Tensión antes de juicios.

Inseguridades.

Miedos.

Clientes.

Jueces.

Compañeros.

Enemigos por todas partes.

Es jodidamente dura.

Así siempre lo he creído.

Pero el otro día me tomé un vino en un bar.

Eran las fiestas del Pilar, llevaban 10 días de fiesta.

Sí, de forma frenética.

Y me fijé en cómo era su curro.

Correr de un lado a otro.

Atender a decenas de personas a la vez.

Memorizar comandas.

Gestionar.

No era fácil.

Era también muy duro.

Lo comparé con nuestro día a día, y pensé, en general su curro es más duro que el nuestro.

Pero el nuestro tiene momentos de máxima tensión;

véase un juicio, que la hostelería no tiene.

No tienen nada que ver, eso desde luego.

Pero pensé ¿me cambiaría por uno de ellos?

Y la respuesta fue clara; no.

Porque siendo los dos muy duros, es mucho más fácil gestionar un despacho que un restaurante.

Porque nuestra rentabilidad puede ser mucho más alta.

Porque nuestro curro requiere muchas menos horas.

Porque podemos ganar mucho más con mucho menos.

Por mil razones.

No cambiaría de profesión.

Ahora bien, sé que tu, muchas veces te lo planteas, y créeme no sabes el error que cometes.

El problema no es la abogacía, es lo que tú haces con ella.

Cuando gestionas bien tu despacho, que es muchísimo más sencillo que cualquier otro negocio, todo brilla, pero para ello necesitas tener clara una cosa; no eres un camarero, ni un abogado si quiera;

eres UN EMPRESARIO.

Y aquí tienes un CÍRCULO para gestionar tu despacho como tal.

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