Creo que me he equivocado
Gran parte de los emails que lanzo cada día tienen una misión motivadora.
Algunos dicen que son un tortazo mañanero para empezar el día.
Otros que es la cruda realidad de la abogacía.
Pero creo que me he equivocado.
He partido de dos premisas erróneas.
La primera que, valga la redundancia, todos partimos de una posición similar.
La segunda que todos estamos capacitados o preparados para esta aventura.
Y creo que no es cierto.
Lo primero depende mucho del contexto en el que te mueves o te has movido.
Los contactos, la red en caso de caída, la familia, etc.
Lo segundo depende del talento, en lo innato y en lo forjado.
Y aquí todos no somos iguales.
Créeme lo que te voy a decir.
No soy mejor abogado que tú, pero sé hacer dos cosas mejor que la media.
La primera es ser persistente.
Lo segundo ser persistente.
No sé más leyes que tú.
Ni hago más juicios que tú.
Ni soy más brillante que tú.
Pero fijo un objetivo y allá que voy.
Así que si no tienes “familia” en la abogacía;
rema.
Y si no eres especialmente brillante;
rema.
Si no brillas, rema.
Porque llega mucho más lejos quien persiste que cualquier otro.
No lo tendrás fácil, ni será sencillo; pero será.
Rema.
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