¿Un divorcio de 200 € puede ser rentable?

Estas últimas semanas me ha pasado algo curioso.

Curioso y, sobre todo, muy revelador.

Hace tiempo apareció aquello de «la divorcioneta».

Divorcios desde 200 euros.

Seguro que lo recuerdas.

Generó un revuelo enorme entre abogados y abogadas de familia.

Críticas.

Indignación.

Debates encendidos.

Y, si no recuerdo mal, incluso expedientes disciplinarios contra el abogado que lo hacía.

Antes de seguir, quiero dejar algo claro desde el principio.

Yo respeto profundamente el Derecho de Familia.

Respeto lo importante que es.

Respeto la especialización que requiere.

Respeto la sensibilidad que exige.

Respeto el impacto humano brutal que tiene.

Esto no va de despreciar ninguna rama del Derecho.

Va de otra cosa muy distinta.

Hace unos días se me ocurrió grabar un vídeo planteando una pregunta muy concreta:

¿Puede ser rentable un divorcio por 200 euros?

Nada más.

No decía que tú tengas que cobrarlos.

No decía que sea lo correcto.

No decía que sea el modelo ideal.

Haz lo que te salga de tus gónadas.

Faltaría.

Solo hablaba de rentabilidad.

De números.

De tiempo.

De coste.

Y para hablar con rigor puse un único ejemplo muy concreto, que conviene repetir porque aquí empezó el problema.

Un divorcio de mutuo acuerdo en el que:

• No hay hijos

• No hay vivienda

• No hay patrimonio

• No hay nada que repartir

• Ambas partes están de acuerdo

• Y el divorcio se formaliza ante notario, con abogado obligatorio

Ese divorcio.

Solo ese.

Dije algo muy simple:

En ese caso concreto, un divorcio por 200 euros puede ser rentable.

Y se montó.

Muchos abogados y abogadas (curiosamente, casi todos del sector) se pusieron de uñas.

Que si estaba denigrando la profesión.

Que si faltaba al respeto al Derecho de Familia.

Que si banalizaba el trabajo del abogado.

Así que grabé un segundo vídeo explicando lo que, sinceramente, me parece de primero de negocio jurídico.

La rentabilidad de un asunto no depende del orgullo profesional, sino de tres cosas muy simples:

1. Tu coste

2. Tu precio mínimo

3. Tu valor

Cada despacho tiene los suyos.

Y son distintos.

Por eso, cada despacho debería cobrar distinto.

Si haces ese ejercicio (coste, precio mínimo y valorÇ) verás que no existe un precio “correcto” universal para un divorcio.

Existe tu precio correcto.

Y aquí viene lo que a muchos no les gusta escuchar.

Si en ese caso concreto cobras 200 euros y le dedicas:

• 1 hora: 200 €/hora

• 2 horas: 100 €/hora

• 3 horas: 66,66 €/hora

puedes estar ganando dinero.

Ganando dinero de verdad.

No “trabajando por amor al arte”.

No “tirando la profesión”.

Ganando dinero.

¿Es válido cobrar 200 euros para un divorcio contencioso, con hijos, bienes, conflicto y años de procedimiento?

Evidentemente no.

Eso sería absurdo.

¿Puedes cobrar mucho más por ese divorcio que te cuento sin hijos, sin casa y sin bienes, sin nada? Por supuesto que sí.

Lo que te salga de las gónadas.

En un asunto sin enjundia, sin debate, sin conflicto, sin valor jurídico real… el precio no convierte una rama del Derecho en despreciable.

Lo que ocurre es que aquí tocamos una verdad incómoda.

Nuestro único activo como abogados es el tiempo.

Nada más.

Y aunque la abogacía no es escalable, sí es parcialmente automatizable.

Plantillas.

Procesos.

Protocolos.

Convenios estándar donde solo cambias nombres y apellidos.

En el ejemplo que puse, el convenio se hace en minutos.

Literalmente.

Yo mismo (y me dedico al mercantil, no al familia) he hecho divorcios así para clientes míos.

Y he tardado más en ir a la notaría y sentarme allí que en redactar el convenio.

El convenio fueron dos minutos, no porque sea un genio, sino porque no había nada que asesorar.

Y aquí viene la frase que más escuece.

No todo lo que hacemos los abogados tiene valor.

Hay trabajos que sí.

Y hay trabajos que no.

Y en los que no tienen valor añadido, somos perfectamente sustituibles.

Y este caso que cuento lo es.

No necesitan abogado para casarse pero sí para divorciarse.

Eso no te hace peor abogado.

Te hace sincero.

El problema no es cobrar 200 euros.

200 pueden ser ganancia o pérdida, depende del caso.

El problema es no saber:

• cuánto te cuesta trabajar

• cuánto es tu precio mínimo

• y dónde está realmente tu valor

Las verdades duelen.

Pero siguen siendo verdades.

Y de eso va Litigas o Enriqueces.

De dejar de engañarnos.

De entender el negocio.

De ser rentables en lo que hacemos.

Y de decidir conscientemente qué casos quieres, cuáles no y por qué precio.

Nos leemos la semana que viene.

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