Último lunes de 2025: Balance, faro y legado

Hoy no es un lunes cualquiera.

Es el último lunes del año.

Y cuando llegamos aquí no toca correr, ni currar, ni empujar más fuerte.

Toca parar.

Mirar atrás.

Y, sobre todo, después, mirar de frente.

Hoy toca balance.

Y conviene decirlo desde el principio:

El balance no es un castigo.

No es un juicio sumarísimo.

No es un tribunal que dicta sentencia.

El balance es una toma de contacto con la realidad.

Hace justo un año, muchos, yo incluido, proyectamos cómo queríamos que fuera 2025.

Dibujamos un escenario.

Marcamos objetivos.

Y le pusimos rumbo al barco.

Hoy no se trata de flagelarnos por no haber llegado exactamente a ese punto,

sino de comprobar si la brújula funcionaba, si el rumbo era el correcto y si, pese a los temporales, seguimos navegando hacia donde queríamos ir.

Porque hay muchos factores que nos desvían.

Muchísimos.

Circunstancias personales.

Imprevistos profesionales.

Cansancio.

Dudas.

Errores.

Incluso éxitos que a veces distraen más que los fracasos.

Pero aun así hay que proyectar.

Hay que tener orientación.

Hay que tener un faro.

El año pasado marcamos un objetivo.

Un faro al que seguir.

Una cima que conquistar.

Y conviene recordar algo importante:

2025 no tenía por qué ser el año en el que alcanzáramos ese objetivo.

2025 solo tenía que ser un año más en el camino hacia él.

Los objetivos no son instantáneos.

Se trabajan a corto, a medio y a largo plazo.

Si no hay medición, no hay aprendizaje.

Si no hay medición, no sabemos si el examen era el correcto.

Si no hay medición, solo hay sensaciones.

Por eso hay que fijar proyectos.

Dividirlos.

Trocearlos.

Medirlos en pequeñas cantidades, en pequeños conceptos.

Y revisarlos.

Mi 2025 ha sido un buen año.

Muy buen año.

No ha sido el mejor de mi vida,

pero ha sido un año sólido, intenso y productivo.

Ha sido un año duro en lo personal,

por circunstancias que a veces no se eligen.

Y ha sido un año pletórico en lo profesional.

De trabajo.

De crecimiento.

De confirmación.

Y ahora toca mirar al frente.

2026.

Para mí, en lo personal, 2026 tiene un nombre claro:

Salud.

Salud física, sobre todo.

Porque la salud mental la tengo bien protegida.

2026 tiene que ser un año de cambio de hábitos.

De mejora.

De disciplina bien entendida.

De convertirme en una versión mejor (no perfecta) de mí mismo.

En lo profesional, el objetivo sigue siendo el mismo que marqué al inicio del curso jurídico, en septiembre:

Crear legado.

¿Y qué es crear legado?

Para mí tiene dos significados muy concretos.

El primero, trascender.

Seguir inspirando a compañeros y compañeras a vivir esta profesión de una manera mejor.

Más consciente.

Más rentable.

Más humana.

El segundo, servir mejor a mis clientes.

Ayudarles a vivir mejor solucionando sus problemas.

Porque para eso estamos.

No estamos para ganar juicios, estamos para solucionar problemas.

Porque hay miles de juicios ganados que no solucionan ningún problema.

Habrá quien piense que hablo demasiado de dinero.

Como si el dinero fuera una fuente mágica de felicidad.

Y, en parte, tienen razón.

El dinero es una fuente poderosa de felicidad.

Porque el dinero permite cumplir sueños.

Permite ahorrar.

Permite independencia.

Permite decir “no” con facilidad.

Permite elegir.

Pero yo no me quedo ahí.

Quiero dinero, sí.

Pero quiero dinero equilibrado con calidad de vida.

Con conciliación.

Con libertad.

Con independencia real.

Con una carga de trabajo proporcionada.

Quiero que lo vital y lo profesional se alineen.

Que no se estorben.

Que no compitan.

Que convivan.

Porque sí, el dinero importa.

Mucho.

Pero no a cualquier precio.

Hay un discurso muy de moda en redes:

Trabaja 24 horas, levántate a las 5 de la mañana, no pares nunca, sé tu mejor versión constante, acumula dinero como si fuera el único marcador de éxito.

Y en ese discurso se olvidan de algo esencial:

Somos personas.

Personas con vida.

Con cansancio.

Con hijos e hijas que merecen tiempo.

Con relaciones que hay que cuidar.

Con un cuerpo que pasa factura.

Mi filosofía es sencilla:

La vocación es el motor.

El dinero es la gasolina.

Pero un abogado cansado es un mal abogado.

Hay que descansar.

Hay que vivir.

Hay que parar.

Hay que aprender a parar.

La clave no es trabajar menos por trabajar menos.

La clave es trabajar mejor; gestionar mejor,

poner precios correctos, hacer presupuestos bien pensados, generar la rentabilidad suficiente para poder permitirte parar sin culpa.

Eso es salud.

Eso es libertad.

Eso es legado.

Así que hoy cerramos 2025.

Con lo bueno.

Con lo malo.

Con lo aprendido.

Y con lo desaprendido.

Y abrimos 2026 con intención, con rumbo y con sentido.

Un 2026 en el que toca seguir construyendo.

Un 2026 en el que toca dejar huella.

Un 2026 en el que, una vez más,

no se trata solo de litigar…

…sino de enriquecer.

Feliz año.

Nos leemos la semana (y el año) que viene.

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