El día que podía haber demandando a dos de los futbolistas más famosos del mundo…y dije que no

Hoy voy a contarte una historia real.

Muy real.

Tan real que, si diera nombres, abriría telediarios.

Hace unas semanas me entra un posible cliente a través de un perito.

Cliente extranjero.

Muy enfadado.

Muy desconfiado.

Muy quemado con “cómo se hacen las cosas en España”.

Textual.

Empieza a contarme el caso…y yo, según avanza la conversación, voy notando algo curioso.

Porque el demandado no es cualquiera.

Es una gran estrella del fútbol.

De esas que todos conocéis.

Todos.

Pero es que la casa que había comprado mi supuesto cliente —una casa millonaria— había sido arrendada antes a otra gran estrella del fútbol.

Traducción rápida de la ecuación:

Operación millonaria, con un inmueble de lujo, con dos futbolistas famosos y

un comprador cabreado.

Una reclamación por vicios ocultos

Escenario perfecto para que a cualquier abogado se le nuble el juicio.

Yo, como hago siempre, empiezo a escuchar y analizar brevemente el asunto. Sin cobrar, porque estas primeras consultas no son finalistas: son comerciales.

Son inversión.

Como cuando te enseñan un coche en un concesionario: nadie te cobra por abrirte la puerta del Audi.

Solo vendo; no trabajo.

Hablo con el perito.

Pido datos.

Entiendo el problema.

Hago números.

Veo por dónde puede ir la demanda.

Y entonces el cliente me dice:

— “Raúl, quiero que me lleves el asunto…pero solo a éxito.”

Le pregunto qué entiende por éxito.

Me dice:

— “Si ganamos, te llevas un porcentaje alto. Si perdemos, tú no cobras nada.”

Y ahí se acaba la magia.

Le explico con absoluta calma:

— “Yo puedo ir con variable, sí, pero nunca trabajo solo a éxito. Siempre hay unos mínimos, pagos iniciales no reembolsables. A cuenta del éxito.”

Porque el despacho no se mantiene con casos a éxito.

Se mantiene con caja.

Pese a lo que me dice, le preparo mi presupuesto.

A éxito sí, pero además pagos a cuenta no reembolsables.

Fijo y variable. Como siempre.

No le gusta.

Y aparece otro abogado.

Que acepta ir a éxito al 100%.

Cero euros ahora.

Todo o nada.

El cliente me llama y me lo dice con total educación:

— “Raúl, me voy con otro abogado porque él sí acepta ir solo a éxito. Te agradezco mucho tu tiempo y tu trato.”

Y se fue.

Y aquí viene la parte importante de esta historia.

Yo podía haber hecho muchas cosas mal hechas:

Podía haberme dejado seducir por los nombres.

Podía haber querido salir en prensa.

Podía haber fantaseado con la indemnización.

Podía haber roto mis propias normas.

Pero no lo hice.

Porque en mi despacho hay una ley sagrada:

Nunca trabajo solo a éxito.

Nunca.

No por orgullo.

Por supervivencia.

Por modelo de negocio.

Por respeto a mi tiempo.

Por respeto a mí mismo.

¿Qué el otro compañero se la quiere jugar?

Perfecto.

Cada uno es dueño de su despacho.

Yo prefiero cumplir mis reglas.

Y ahora te hago la pregunta incómoda, la que de verdad importa:

¿Tú tienes normas en tu despacho…o te las cambian tus clientes cuando aprietan?

¿Tú decides cómo trabajas…o te adaptas según quién entra por la puerta?

¿Tú llevas tu despacho…o tu despacho te lleva a ti con una correa?

Ojo, que yo puedo estar equivocado pero es mi idea; y la llevo hasta el final.

Hoy he perdido un gran cliente.

Sí.

Pero he reforzado algo mucho más importante:

Mi sistema.

Mis reglas.

Mi independencia.

Y eso, créeme, a largo plazo es más rentable que cualquier demanda mediática.

Nos leemos la semana que viene.

Si no puedes aguantar aquí tienes otras 100 maneras para seguir enriqueciendo tu despacho.

Seguiré atendiendo clientes.

Sin futbolistas.

Sin focos.

Pero con criterio.

Seguiré por aquí también.


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