Mejor abogado que hace cinco días

La semana pasada estuve en A Coruña, en el III Congreso Nacional de Derecho Mercantil y Concursal.

Tres días fuera del despacho.

Que se dice pronto, porque el despacho no se cierra. El correo sigue entrando. Los clientes siguen preguntando. Los plazos siguen mirando mal desde LexNET…

Yunou.

Así que haces lo que hacemos todos: escuchas ponencias, hablas con compañeros, tomas notas, contestas emails desde el hotel y trabajas a distancia cuando puedes.

Pero merece la pena.

Fui, además, a participar en un duelo jurídico sobre cuál es el mejor instrumento para recuperar activos en un concurso de acreedores. Yo defendí la acción de reintegración.

Y gané.

Pero eso es lo de menos. Lo importante no es ganar un duelo. Lo importante es salir de tu despacho, escuchar a gente que sabe, discutir con compañeros, poner cara a personas que solo conocías por redes y recordar que la abogacía no se aprende solo trabajando.

También se aprende saliendo.

También se aprende compartiendo.

También se aprende viendo cómo otros abogados piensan, dudan, resuelven y explican.

Hace mucho que doy ponencias sobre gestión de despacho, desarrollo profesional y cómo sobrevivir a esta profesión sin convertirte en un mueble con toga…pero hacía tiempo que no hablaba en público de Derecho puro.

Y oye. Ni tan mal.

Pero me traje otra lección.

Más incómoda. Hay cientos de compañeros trabajando gratis en colegios de abogados, secciones, comisiones y congresos para que tú y yo seamos mejores profesionales.

Dejan su despacho. Dejan su tiempo libre.

Organizan jornadas, buscan ponentes, preparan mesas, coordinan actos y se comen problemas que nadie ve.

¿Y qué reciben muchas veces?

Quejas.

“Mi Colegio no hace nada”.

Pues igual sí hace.

Igual lo que pasa es que tú no te has molestado en enterarte.

¿Se puede hacer más?

Seguro.

¿Se puede hacer mejor?

También.

Pero antes de quejarte, acércate a tu colegio. Mira qué se está haciendo.

Propón. Participa. Ayuda.

Y si ves lagunas, dilo.

Pero dilo arrimando el hombro. Y es que si no haces nada, no participas en nada, no propones nada y solo criticas desde la barrera, tu legitimidad para quejarte es bastante pequeña.

Yo volví cansado.

Con trabajo acumulado.

Con sueño.

Pero también volví siendo mejor abogado que hace cinco días.

Y de eso iba todo.

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