No hay abogados en el cielo…

Cuenta la historia que entre el cielo y el infierno había un conflicto de lindes.

Ya sabes, amojonamientos, mojones, líneas y marcas territoriales.

La cosa es que no se ponían de acuerdo. Dios y el Demonio no se ponían de acuerdo.

Y entonces se les ocurrió un idea. Traer a sus abogados a la negociación.

En ello quedaron:

— Mañana ven con tus abogados-. Se dijeron.

Así al día siguiente una masa incontable de abogados apareció en el horizonte del infierno.

El diablo estaba acompañado de millones de abogados.

Por el contrario Dios apareció solo. Él. Solo.

El diablo abrió los brazos en gesto de extrañeza y preguntó:

— ¿Por qué has venido solo?

A lo que Dios respondió.

— Aquí, en el cielo, no hay ningún abogado.

Quizá ya te he contado esta historia.

Es verídica.

No tengo pruebas, pero tampoco dudas.

Pero es así en el reino de los cielos.

No en la tierra.

Aquí los abogados y abogadas son las mejores personas que existen.

Los únicos profesionales que bajan su precio en función del bolsillo del cliente, cuando éste está tieso.

Porque son buenas personas y quieren ayudar.

Aunque eso les suponga tener que trabajar en agosto, no poder tener las vacaciones soñadas o mirar la cuenta a final de mes.

Si este nuevo curso judicial que empieza mañana quieres cambiar y poder vivir como realmente quieres, tengo una cosa para ti.

El Circulo.

No es de Dante, ni infernal, es la rueda que necesitas para salir de la espiral.

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