Me quieren cagar encima

Y en vacaciones.

Hoy es 5 de agosto.

Pero te voy a contar lo que me pasó ayer, lunes 4.

Día de vacaciones.

Paisaje bonito.

Lejos de todo.

Y se me ocurre encender el móvil del trabajo.

Para ver si hay algo urgente.

Ya sabes, yo uso dos móviles.

Uno personal y otro para el curro.

Nada más.

Lo enciendo, por si acaso.

Y veo llamadas perdidas.

Varias.

Del viernes.

Y de última hora del jueves 31.

Compañeros.

Abogados.

Y ahí me entra el déjà vu:

La escena clásica del ansioso de última hora.

Ese que quiere irse de vacaciones en paz, pero para lograrlo tiene que cagarte encima a ti.

“Oye, Raúl, a ver si me puedes decir algo de nuestro tema”.

“¿Puedes revisar esto antes del lunes?”

Todo cuando ya era jueves 31 de julio por la tarde.

Cuando ya no hay nada que hacer.

Cuando los plazos ya están muertos o en coma.

Y lo peor:

Como si sus prisas fueran tu obligación.

Como si su ansiedad tuviera que ser tu carga.

Pues no.

No me cagues encima.

Tu caos no es mi calendario.

Tu urgencia no es mi urgencia.

Tus ganas de cerrar el despacho no justifican abrir el mío.

Vi las llamadas.

Respiré.

Escribí este email.

Y apagué el teléfono.

Porque esto también es actitud.

Porque esto también es Litigas o Enriqueces.

Feliz 5 de agosto.


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