Aprender a aburrirse

Ya han pasado doce días de vacaciones.

Y oficialmente puedo decirlo:

He descansado lo suficiente… y me aburro.

Me aburro mucho.

Y es parte del proceso.

A los niños se lo repetimos:

“Tienes que aprender a aburrirte”.

Pues como adultos, también.

Sí, aunque parezca mentira, hay que aprender a aburrirse.

Eso de estar todo el día con planes está muy bien, si te gusta.

Pero también es interesante no hacer nada.

A mí, el aburrimiento me permite pensar.

Y no, no significa que quiera que terminen las vacaciones.

Quiero que se prolonguen.

Pero en mi caso, las vacaciones tienen fases:

1. Descansar.

2. Aburrirse y pensar.

3. Actuar.

Y ahora estoy en la fase dos.

En el corazón del verano.

Aburrimiento productivo.

Pensamiento libre.

Porque no hacer nada también es salud.

También es crecer.

Y también es parte del juego.

Como un deportista precisa del descanso.

Así que sí: estas vacaciones, estoy aprendiendo (otra vez) a aburrirme.


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