Como ser mejor abogado

El día que más creemos saber Derecho no es cuando llevamos diez años ejerciendo.

Ni cuando ganamos un pleito difícil.

Ni siquiera cuando abrimos nuestro propio despacho.

No.

El día que más creemos saber Derecho es, curiosamente, el primero.

Cuando salimos de la facultad.

Cuando acabamos el máster.

Cuando nos colegiamos.

Ese día estamos pletóricos.

Pletóricos… de ignorancia.

Una ignorancia entusiasta, sí.

Pero ignorancia al fin y al cabo.

Nos creemos capaces de todo, no sabemos aún lo que no sabemos, y por eso, precisamente, creemos que lo sabemos todo.

Luego pasa el tiempo.

Y empiezas a descubrir lagunas. Vacíos. Ámbitos enteros que no dominas.

Cuanto más aprendes, más te das cuenta de lo que te falta por aprender.

Y, paradójicamente, cuanto más sabes, más pequeño te sientes.

Hasta que un día lo entiendes todo.

Que esta profesión no va de saberlo todo.

Va de no dejar de aprender nunca.

Y aquí viene lo bonito:

Hoy eres peor abogado que mañana.

Siempre que cumplas con tres cosas:

1. Ética de trabajo.

2. Disciplina.

3. Hambre de mejora.

Si haces eso, cada día vas a ser un poquito mejor.

Un poquito más sabio.

Más preciso.

Más fino.

Mejor jurista, mejor estratega, mejor persona.

Hasta que llegue el último día.

El día en que cierres el despacho y te jubiles.

Ese día, y no antes, serás el mejor abogado que jamás llegaste a ser.

Y entonces, podrás mirar atrás y decir:

“Valió la pena crecer cada día.”

Si quieres que valga la pena desde ya y no esperar al cierre…

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