Consejos vendo…
No te voy a engañar.
En lo que al despacho se refiere, soy un hacha.
Una máquina.
Cumplo lo que predico.
Trabajo mucho. Me organizo muy bien. Consigo clientes. Les cobro muy bien.
Obtengo buenos resultados. Saco adelante asuntos complicados. No me escondo. No me quejo demasiado. Y no espero a que nadie venga a salvarme.
En lo profesional, soy bastante animal.
Ahora bien.
En lo personal soy un puto desastre.
Llevo meses intentando cuidarme.
Bajar de peso…Hacer más deporte…Comer mejor…Dormir mejor…Tener mejor salud…Respirar un poco……….
Y hostias, no hay manera.
Sí, el despacho tira, todo bien, el cliente llama, el plazo vence, el juzgado notifica, el contrario aprieta (que apriete), el asunto se complica, el teléfono no para…yla cabeza tampoco.
Y cuando parece que vas a empezar una rutina decente, llega el estrés, llega la ansiedad y lo manda todo a la mierda.
Así de sencillo.
Hablamos mucho de facturación.
De captar clientes.
De saber vender.
De cobrar bien.
De especializarse.
De tener una propuesta de valor.
De no regalar el trabajo.
Y todo eso está muy bien.
Yo soy el primero que lo defiende.
Soy el primero que lo hago.
Pero luego está el cuarto pilar.
Tu bienestar, tú salud, tu cabeza…, tu cuerpo, tu paciencia..tu energía…
Y ahí, ahora mismo, yo suspendo.
No por teoría. La teoría me la sé. me la sé de puta madre.
El problema es aplicármela.
Puedo estar cumpliendo objetivos económicos y profesionales y, al mismo tiempo, tener la ansiedad disparada por los aires.
Puedo facturar bien y estar agotado.
Puedo ganar asuntos y perder la paciencia por nada.
Puedo dar buenos consejos a otros abogados y luego ser incapaz de seguirlos cuando cierro el ordenador.
Consejos vendo que para mí no tengo…
Quizá por eso había que escribir esto.
Y es que en redes sociales todos somos muy listos.
Todos tenemos método.
Todos tenemos sistema.
Todos tenemos una mañana perfecta, una agenda perfecta, un cuerpo perfecto, una familia perfecta, un despacho perfecto y una vida perfectamente monetizada.
Mentira cochina.
O, como mínimo, media verdad.
No creas todo lo que ves.
Cree a quien reconoce sus errores.
A quien dice:
— Estoy cansado.
— Estoy fallando aquí.
— No llego a todo.
— Necesito parar.
— Necesito vacaciones.
Casi es julio y yo necesito respirar.
No cerrar el despacho.
No desaparecer.
No quemarlo todo.
Solo respirar.
Volver a ordenar.
Volver a empezar.
Seguir currando en ello.
Esto también forma parte de montar un despacho.
No solo ganar dinero.
No solo ganar juicios.
No solo parecer fuerte….
También saber reconocer cuándo vas pasado de vueltas.
Recuerdo una vez a un abogado que dijo muy orgulloso:
— Yo no he perdido juicios.
Y alguien le contestó:
— Eso es porque has hecho pocos.
Pues con esto pasa igual.
Quien dice que nunca se rompe, quizá es porque todavía no ha apretado lo suficiente.
O porque no lo cuenta.
Yo hoy te lo cuento.
Créeme.
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