De la borrachera al pensamiento

Hubo un tiempo no tan lejano en el que beber agua era peligroso.

Estaba contaminada.

Y la alternativa no era Evian ni Bezoya.

Era vino.

O cerveza.

Todo el día.

Desde por la mañana hasta por la noche.

La gente vivía ligeramente borracha.

Todo el puto día.

No por placer, sino por supervivencia.

¿Y qué pasa cuando todo el mundo va un poco ebrio?

Que no se piensa con claridad.

Que no se dialoga.

Que no se crean ideas.

Que el mundo se adormece.

Y entonces llegó algo que lo cambió todo:

el café.

Y el té.

De repente, las bebidas que antes te apagaban… ahora te encendían.

La gente pasó de estar atontada a estar despierta.

De estar embriagada a estar enfocada.

Y empezaron a surgir los cafés, las casas de té, los salones de conversación.

Lugares donde se hablaba, se compartían ideas, se filosofaba.

Se discutía.

Se pensaba.

El café encendió la mente.

El té abrió la conversación.

Y la historia empezó a cambiar.

Así llegaron revoluciones intelectuales, sociales, políticas.

Porque pasamos de beber para olvidar… a beber para pensar.

Y ahora que llega el verano, te lanzo esta idea:

¿Y si paras para pensar?

No para evadirte.

No para anestesiarte.

Sino para hacer como hicieron ellos:

Bajar el volumen y encender la cabeza.

Aprovecha estos días para tener tu propia revolución industrial interna.

Empieza a pensar para construir.

La de tu despacho.

La de tu vida.

La de lo que viene en septiembre.

AQUÍ.

PD: Piensa y verás.


Si quieres enriquecer suscríbete ahora mismo aquí.

Suscribirse es gratis, darse de baja no es una opción, ya lo verás.

Artículos relacionados

De quién es

Hace unos días inauguramos en el Real Ilustre Colegio de Abogados de Zaragoza una sección nueva. Una sección distinta. La hemos llamado Sección de Desarrollo…