El muro
Todo el mundo cree que el muro es ese momento de incertidumbre cuando sales de la carrera.
Error.
Ese es solo un escalón.
El muro de verdad aparece cuando llevas cuatro o cinco años de ejercicio.
Lo ubico ahí porque ya no eres nuevo, pero tampoco has ganado la guerra.
Has librado algunas batallas, has perdido muchas, y las que has ganado ni siquiera te han dado tanta alegría.
Ahí aparece el muro.
Un pedazo de pared invisible que te detiene.
No se ve, pero lo sientes.
Es el día que te levantas y piensas:
“¿Esto va a ser así toda mi vida?»
Es cuando cada juicio se convierte en una tortura, no en un reto.
Cuando los nervios ya no son cosquillas, son cadenas.
Hay dos tipos de abogados:
Los que escalan el muro y lo saltan.
Y los que lo miran, se dan la vuelta… y se van.
Se hacen funcionarios.
Se meten en Recursos Humanos.
Se ponen a vender seguros.
O directamente se largan.
No aguantan.
No les compensa.
No quieren escalar.
Yo estuve ahí. Lo confieso.
A los cuatro años de ejercicio tuve mi muro.
Me pregunté si esto valía la pena.
Lo pasé mal. Lo pasé muy mal.
Pero seguí.
Lo escalé.
A hostias.
A dudas.
Pero lo pasé.
Y aquí estoy.
Ahora dime tú: ¿ya te has topado con el muro? ¿Lo estás escalando o ya estás mirando hacia otro lado?
Si lo estás mirando de frente…
Y está hecha para ayudarte a escalar, no para que te rompas los dientes.
Se llama EL CÍRCULO.
¿Subes?
Sube para no caer.
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