Gordo y feliz o delgado y ansioso
Tengo un dilema.
Y no es jurídico.
Es vital.
¿Prefieres ser gordo y feliz…o delgado y ansioso?
Porque yo, honestamente, veo muy difícil ser delgado y feliz.
Y gordo y ansioso, como que no.
A mí me hace feliz comer.
Y comer mucho.
Y comer te lleva a no estar delgado.
Y a mis 45, de pronto, no me apetece hacer deporte.
Lo hago pero arrastrándome.
Entonces claro, elijo lo que me da placer inmediato:
comer.
El placer de los placeres.
Soy incapaz de encontrar un equilibrio.
Todo o nada.
O me pongo a dieta militar y corro 10K cada día…
o me dejo llevar como un vikingo jubilado en un buffet libre.
No hay término medio.
En mi vida nunca lo ha habido.
El Raúl diablo dice, come.
El Raúl ángel dice, para.
Y ya sabes quien gana.
Y no pasa nada.
Soy así.
Un gordo feliz…que añora ser delgado.
Un Raúl que sabe que, en el fondo, este dilema es una absoluta tontería, y que todo esto no es más que una justificación para seguir sin mover el culo.
Para hacer el vago.
Está es mi confesión; una excusa barata.
Y tú, ¿Cuáles es la tuya?
Porque la mejor forma de crecer es esta:
Saber dónde estás fallando.
Reconocerlo. Sin dramatismo.
Mirarlo a la cara.
Y empezar a cambiarlo.
Aunque solo sea un poquito.
Yo hoy no saldré a correr.
Pero mañana…
Lo bueno es que se puede ser gordo, feliz y tener un despacho que funcione.
Porque no sabré ponerte en forma, pero si hacer de tu negocio un negocio fructífero.
PD: todo o nada.
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