La autocaravana
Mi despacho con ruedas.
Estoy escribiendo esto desde una mesa plegable, con una taza de café en la mano y el cielo sobre mi cabeza.
Me he largado.
Me he cogido la autocaravana y me he ido.
A mitad de curso, con juicios por cerrar, con asuntos pendientes, con llamadas que esperan respuesta.
¿Por qué?
Porque estaba hasta los huevos.
Ansiedad, fatiga, estrés, saturación.
Y cuando eso pasa, tienes dos opciones: o revienta el motor… o bajas el pistón.
He elegido la segunda.
Pero ojo, que no he apagado la radio.
Solo he bajado el volumen.
Sigo trabajando, claro.
No puedo ni quiero desaparecer del todo.
Porque esto no va de huir, va de respirar.
De poner distancia.
De ver el despacho desde fuera para volver a verlo con perspectiva. Y con ganas.
Porque si tú no te cuidas, colega, nadie lo va a hacer por ti.
Ser tu propio jefe no es solo mandar.
Es saber cuándo parar.
Y tener los cojones de hacerlo.
Saber que a veces hay que frenar para no salirte en la siguiente curva.
No lo llamo vacaciones.
Lo llamo supervivencia.
Lo llamo estrategia.
Así que si estás en ese punto donde todo pesa, párate.
Aunque sea unas horas.
Un día.
Lo que puedas.
Baja el volumen.
Y cuando vuelvas, hazlo con la batería cargada y los cojones en su sitio,
(o lo que sea).
Porque si no te cuidas tú..
¿Quién coño lo va a hacer?
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