Los buenos pleitos no siempre acaban bien

Cuando un pleito mueve cantidades obscenas de dinero, lo normal es que no acabe en sentencia.

No digo que todos. Digo que muchos no llegan al final. Y no porque la razón cambie de bando. No porque alguien se rinda. Sino porque cuando hay tanto en juego, la gente prefiere negociar.

Lo he dicho mil veces:

Un conflicto mercantil se resuelve con otro negocio.

No con una sentencia.

¿Por qué?

Porque la justicia llega tarde.

Porque la justicia es lenta.

Y porque cuando llega, a veces, ya no sirve para nada.

Mira este caso: mi cliente tenía una demanda encima de la mesa por dos millones de euros.

Dos millones.

Casi nada.

Hemos llegado a un acuerdo.

¿Por qué?

Porque si le condenaban a pagar, la parte contraria no iba a ver ni un céntimo.

No hay dinero. No hay activos. No hay forma de cobrar.

Eso sí: habrían gastado otros cien mil en abogados, peritos y costas… para nada.

Moraleja: esto no solo vale para los casos grandes.

Vale también para los pequeños.

Negociar no es rendirse.

Es ser listo.

Es cerrar un problema antes de que se pudra.

A mí ya no me gustan los “buenos pleitos”.

Me gustan los pleitos rentables.

Y eso empieza con una buena estrategia, un buen presupuesto… donde se tenga en cuenta tu capacidad de negociación y donde cobres aún más por pronta resolución.

MÁS AQUÍ.

PD: rentable.


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