Oda al procurador

Hoy vengo a romper una lanza por una figura bastante maltratada en la abogacía.

El procurador.

Sí, ya lo sé.

Hay muchos compañeros que se quejan de los procuradores. Que si son una figura inútil. Que si no sirven para nada. Que si encarecen el procedimiento. Que si deberían desaparecer.

Yo no lo veo así.

Para mí, un buen procurador no es un problema.

Es una bendición.

Es más: un buen procurador es parte de tu despacho.

Porque cuando eliges bien, cuando trabajas con alguien serio, diligente, atento y que sabe de verdad lo que hace, el procurador te quita de encima un montón de cuestiones que tú, como abogado, no deberías estar haciendo.

Y eso no es poco.

Otra cosa distinta es que haya procuradores que se distraen. Claro que los hay. Como hay abogados que se distraen. Como hay peritos que se distraen. Como hay clientes que se distraen.

Gente que no asume de verdad su función, que no ayuda, que no suma, que no entiende que en un procedimiento todos vamos en el mismo barco.

Esos, fuera.

Como los abogados que no cumplen.

Fuera también.

Pero cuando encuentras un buen procurador, cuídalo.

Yo tengo la suerte de trabajar desde hace muchísimos años con el mismo procurador; Milagros Pastor Fernández. Y no lo veo como alguien externo. Lo veo como parte de mi equipo.

Y quizá por eso hay una frase tradicional de los escritos judiciales que siempre me ha chirriado.

Esa de:

“Don Fulano, Procurador de los Tribunales, en representación de Don Mengano, bajo la dirección letrada de Don Raúl Herrera…”

Bajo.

Odio ese “bajo”.

No me gusta nada.

Cada vez que alguien me pasa un borrador con esa fórmula, me dan ganas de tacharlo.

Porque no me gusta la idea de subordinación. No me gusta ese esquema mental de uno arriba y otro abajo.

Yo no entiendo así el trabajo.

Ni la abogacía.

Ni casi la vida.

Claro que el abogado dirige técnicamente el asunto. Claro que el contenido jurídico lo marca el letrado. Pero eso no convierte al procurador en alguien “bajo” nadie.

Un buen procedimiento no sale adelante por jerarquía.

Sale adelante por colaboración.

Por confianza.

Por saber que el otro está atento.

Por saber que si entra una notificación importante, alguien la va a mirar bien.

Por saber que si hay un plazo, alguien lo va a controlar.

Por saber que no estás solo.

Así que no.

El procurador no es un enemigo.

Un buen procurador es un ángel.

Y si tienes uno bueno, no lo des por hecho.

Cuídalo.

Porque también forma parte de tu despacho.


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