¿Y si el cliente es un pesado?

Hay un cliente que todos hemos tenido.

El que te escribe el lunes:

— Raúl, ¿hay alguna novedad?

Y tú le contestas:

— No, todavía no.

El martes:

— Perdona que insista, ¿se sabe algo?

Y tú:

— No, seguimos igual.

El miércoles:

— Disculpa, pero estoy preocupado. ¿Crees que tardarán mucho?

El jueves ya no pregunta.

El jueves envía un audio de tres minutos diciendo que entiende que estas cosas llevan su tiempo, que no quiere molestar, que sabe que estás ocupado, pero que él necesita saber algo porque está muy nervioso.

Y el viernes remata:

— ¿Me llamas cuando puedas?

Sí.

El cliente pesado.

Ese cliente que te agota.

Ese cliente que parece pensar que tú tienes una puerta secreta al juzgado.

Que puedes entrar por la noche, mover su expediente de una mesa a otra y decirle al funcionario:

— Venga, hombre, que mi cliente me está preguntando mucho.

Y entiendo al abogado que se queja.

Lo entiendo perfectamente.

Porque bastante hace el abogado, claro.

Bastante hace con estudiar el asunto, llevar los plazos, contestar escritos, preparar vistas, hablar con procuradores, pelear con LexNET y seguir vivo en un sistema diseñado por alguien que odiaba a la humanidad.

Como para que encima venga el cliente a preguntar por lo suyo.

¿Verdad?

Pues tengo el truco infalible para terminar con esto.

Aquí va.

Muy atento.

DEJA DE LLORAR.

ES TU PUTO TRABAJO.

Fin.

Qué manía tiene la gente de preocuparse por sus problemas.

Qué cosa más pesada.

No sé.

Será porque le reclaman 80.000 euros.

O porque se juega su casa.

O porque le están hundiendo la empresa.

O porque lleva tres años esperando una sentencia.

O porque tiene un embargo encima.

O porque no duerme.

O porque su vida está parada mientras tú llamas “asunto” a lo que él llama “mi ruina”.

Hay clientes que tienen unas cosas muy suyas.

Porque la verdad es esta:

Soportar al cliente también es parte del trabajo del abogado.

No solo redactar demandas bonitas.

No solo citar jurisprudencia.

No solo ganar vistas.

No solo decir en LinkedIn que la abogacía es estrategia, técnica y excelencia.

También es sostener la angustia de una persona que ha puesto un problema importante de su vida en tus manos.

También es entender que el cliente no pregunta porque quiera joderte la mañana.

Pregunta porque tiene miedo.

Porque no controla.

Porque no entiende.

Porque está esperando.

Porque para él no es “un procedimiento”.

Es su dinero.

Su empresa.

Su casa.

Su divorcio.

Su deuda.

Su vida.

Así que sí.

Habrá clientes pesados.

Habrá clientes que te saquen de quicio.

Habrá clientes que pregunten demasiado.

Pero deja de llorar.

Es tu puto trabajo.

PD: Por si preguntas lunes martes o miercoles….los One2One siempre están para abogados que quieren cambiar cosas en su despacho.


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