Me han llamado comunista

Lo que lees, el otro día una compañera me llamó comunista.

Y créeme no lo hizo como un piropo.

Me lo llamó porque publiqué un post de otra abogada que decía algo así como:

“Si tan duro te crees que es ser autónomo, hazte trabajador por cuenta ajena, y verás”

Y la verdad, estoy totalmente de acuerdo.

¿Tú lo entiendes? Yo aún no.

Yo creo que quería ligar conmigo y no encontró mejor camino.

Con lo fácil que era mandarme un fueguito.

Pero volviendo al tema; sí, estoy de acuerdo en las dos cosas; ser trabajador por cuenta ajena es durísimo.

Ni más ni menos. Durísimo.

En serio, ¿tú estás dispuesto a vivir toda tu vida por 1.400 euros al mes? ¿Más de 40 horas a la semana?

Yo no. De hecho el día 1 de cada mes ya debería dinero.

¿Tú estarías dispuesto a someterte a un jefe cada día y a saber que tu techo está demasiado cerca?

Yo no.

¿Y a tener un horario cada día sin ninguna libertad?

Yo no.

Para mí todo eso es durísimo. Como lo lees. Yo no podría.

Si has llegado hasta aquí y en tu cabeza ha aparecido la imagen de un funcionario, y has pensado que ellos si tienen suerte; deja de leer.

En serio, si crees que un funcionario es un ser con suerte en la vida debes dejar de leer.

Si crees que un juez por ganar 3.000 euros al mes está bien pagado; deja de leer.

En serio. Tu sí que eres comunista.

La realidad es que debes entender la realidad.

Ser trabajador por cuenta ajena puede estar bien si es lo que quieres.

Pero si lo que quieres es tener tu propio horario, elegir tu porvenir y no tener ningún techo, no seas trabajador por cuenta ajena. Sé empresario.

Abogado empresario.

Lo cierto es que no todo el mundo quiere, porque es una vida sin red de seguridad en caso de caída.

Pero sobre todo, no todo el mundo puede, porque no todo el mundo vale.

Y esta es la cruda realidad. No todo el mundo vale para ser autónomo.

Algunos lo son simplemente porque nadie les contrataría por cuenta ajena.

Y así les va.

Quizá tú aún tienes dudas de qué quieres ser y dónde quieres llegar.

Quizá aún estés pensando en dar el salto y montar tu despacho.

O quizá ya lo hayas dado y estés viendo que tu despacho no despega contigo.

En ambos casos puedo ayudarte: a saltar o a despegar.

El futuro lo eliges tú.

Hay un montón de compañeros que ya lo han elegido, y créeme; cada día están más lejos de su suelo. Y no buscan ningún techo.

¿Quieres despegar?

Escríbeme.


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