El cliente que eligió pagar
El otro día me llama un cliente.
Quiere revisar un contrato de arrendamiento.
Había tenido un problema y no quería que se volviera a repetir.
Te cuento.
Tenía arrendado como arrendador un local de negocio y el inquilino vendió la sociedad que arrendaba el local.
Mismos arrendatario diferentes accionistas.
Según la Ley no hubo traspaso y por tanto no hubo derecho a pillar cacho en la operación o elevar la renta por ello.
Legal. Ingenioso.
Pero previsible.
El contrato no decía nada sobre cambios en el accionariado.
Error clásico.
Me pregunta qué puede hacer y le explico la solución en dos minutos:
— Tienes que meter una cláusula que regula que si hay una modificación sustancial del accionariado, se entienda como traspaso.
Claro. Directo. Útil.
Sencillo.
Me pide que se lo redacte y ahí le suelto algo que cada vez digo más:
— Si quieres, lo puedes hacer tú mismo con ChatGPT. Le pides la cláusula que te he dicho y lo metes en el contrato.
Ya le había dicho la solución, solo faltaba redactarla y para eso la IA es objetivamente buena.
Silencio.
Y de pronto me responde:
— No, Raúl. Prefiero que me lo hagas tú.
Ahí entendí todo.
No me estaba pagando por escribir una cláusula.
Me estaba pagando por algo mucho más importante:
Tranquilidad.
Porque la realidad es esta:
Yo también voy a usar inteligencia artificial para hacer esa cláusula.
Pero hay una diferencia brutal.
Él usa la herramienta.
Yo asumo la responsabilidad.
Él copia y pega.
Yo valido jurídicamente.
Él intenta.
Yo garantizo.
Y eso…eso es lo que paga.
Hay clientes que no te llamarán.
Harán el contrato ellos.
Usarán inteligencia artificial, directamente.
Directamente, inteligencia artificialmente usada.
Y cuando haya un problema…entonces aparecerán.
Ay.
Y hay otros.
Los buenos.
Los que construyen despacho. Los que entienden tu valor. Los que confían en ti…
Que te van a decir:
— Prefiero que lo hagas tú.
A esos clientes no hay que exprimirlos.
Hay que cuidarlos.
Y ¿Por qué?
Porque el negocio está en construir relaciones donde el cliente quiera pagarte.
Y quiere pagarte porque le resuelves problemas y porque te respeta.
Y ojo a esto:
El respeto profesional no se exige.
Se gana.
Cuando un cliente te paga pudiendo no hacerlo…
no está pagando un documento.
Está reconociendo tu criterio.
Y ese día, amigo, amiga,
ya no compites con la inteligencia artificial.
Estás por encima.
Así que ya sabes, el objetivo es que el cliente te respete tanto que prefiera pagar que hacerlo gratis, pero solo.
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