La ansiedad no entiende de tiempo

Verás.

El viernes por la noche estaba tomando algo.

Y cometí un error.

Miré el correo del trabajo.

Ahí estaba.

La contestación a una demanda que interpuse hace tiempo, una demanda de casi un millón de euros.

Un asunto gordísimo: responsabilidad de administradores, acción individual, reclamación de deudas.

Lo vi y pensé: “Ya lo miraré el lunes.”

Pero la ansia viva no te deja.

La cabeza no para.

Intenté abrir el archivo en el móvil.

Venía en zip, y no pude.

Llegué a casa, lo abrí de otra manera y al final conseguí verlo.

Dos excepciones procesales, una de prescripción y otra de falta de legitimación.

Las dos mal planteadas, lo tenía clarísimo.

Pero esta no es la cuestión.

La cuestión es la ansiedad.

Un tema tan gordo que te llega un viernes puede fulminarte el fin de semana entero.

Aunque la demanda esté bien hecha, aunque no te preocupe de verdad, aunque solo sea curiosidad por saber qué dicen.

Y lo cierto es que hay que aprender a tener temple.

A no mirar.

A respetar los fines de semana.

Porque si no, pasa lo de siempre:

La ansiedad se come tu tiempo de descanso.

Tenemos que aprender a vivir como aquel abogado al que le notificaron una sentencia desestimatoria un viernes y respondió:

“Qué enfado me voy a coger… el lunes”.

Los fines de semana son sagrados.

Pero la ansiedad no entiende de tiempo.

En el Círculo sí lo hacemos.

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