Nada que convencer
Cada vez que hay conflicto societario, aparece un viejo conocido.
El notario.
No falla.
Alguien lo pide y ahí está, con su bolígrafo eterno y su cara de póker.
¿Y para qué está?
Para levantar acta.
Para dar fe de lo que se dice.
Nada más.
El notario no es juez.
No reparte justicia.
No se va a mojar por ti.
No necesita ser convencido.
Ni él ni nadie.
Porque en las juntas generales de socios no se convence a nadie.
La gente ya viene convencida.
Helada. Pétrea. Inamovible.
Cada socio tiene clara su posición.
Tú tienes la tuya.
Ellos la suya.
Así que deja de actuar como si esto fuera Sala.
No lo es.
Esto no es un juicio.
Es una obra de teatro.
Una sin público.
Tú haces tu papel.
Ellos el suyo.
El notario toma nota.
Y fin de la escena.
No hay aplausos.
No hay ovaciones.
No hay decisiones en directo.
Y sin embargo, veo a abogados encendidos, gritando, empujando argumentos como si fueran arietes.
Presionando a la otra parte como si eso les fuera a hacer cambiar de opinión.
Spoiler: no lo van a hacer.
Solo consiguen una cosa: que todo el mundo salga cabreado.
Enfadados.
Dolidos.
Y eso no ayuda a nadie.
Di lo que tengas que decir.
Dilo claro.
Y cállate.
Esa es la verdadera técnica en una junta de socios.
Y si quieres aprender a ejercer con elegancia, cabeza fría y resultados, en EL CÍRCULO te enseño cómo.
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