¿Qué pasaría si no hubiese costas procesales?

El en la última jornada de la sección de Desarrollo Profesional del Colegio de Zaragoza (REICAZ) tuvimos un taller sobre esta cuestión.

¿La conclusión? Nadie se puso de acuerdo. Es algo que llevamos años sin atrevernos a discutir en serio en la abogacía.

Las costas procesales.

Y no desde un punto de vista técnico. No hablo de la LEC. No hablo de criterios orientadores. No hablo de tasaciones…

Hablo del modelo de profesión que hemos construido alrededor de ellas.

Las costas nacieron para resarcir a quien se veía obligado a litigar injustamente. Pero hoy, en muchos casos, se han convertido en otra cosa: en el auténtico motor económico de determinados modelos de despacho.

“No te cobro.”

“Vamos a costas.”

“Ya pagará el banco.”

Y así, poco a poco, parte de la abogacía ha dejado de cobrar a su cliente para empezar a depender económicamente del contrario.

Ahora pregunto. ¿Qué pasa cuando el negocio del pleito no está en la demanda… sino en la tasación de costas?

Y entonces aparecen estas perlas..

– la litigación masiva,

– los procedimientos industrializados,

– el junior explotado,

– el volumen,

– las plataformas,

– los captadores,

– los fondos,

– las reclamaciones convertidas en comoditis.

Y cuidado: muchas de esas reclamaciones son legítimas. Muy legítimas.

Pero eso no impide hacerse otra pregunta.

¿Estamos incentivando justicia…o estamos incentivando volumen? A ver si ahora hemos confundido acceso a la justicia con financiar modelos de litigación masiva.

Y aquí viene otra reflexión.

Hay abogados incapaces de decirle a su cliente:

“Tu asunto vale 2.000 euros”

Pero perfectamente capaces de pedirle 6.000 euros en costas al contrario.

Di que no es así. Quizá el problema no sea procesal. Quizá el problema sea que las costas han anestesiado durante años la obligación de aprender a cobrar.

Quizás.

Pero donde no hay dudas es que esto se sostiene con salarios precarios. Jóvenes explotados. Paralegales en el asiento de un abogado.

Ahora imaginemos por un momento un mundo sin costas en la contienda legítima. Solo con condena en supuestos de temeridad o abuso.

¿Qué ocurriría?

Seguramente desaparecerían muchos pleitos de oportunidad. Lo que siempre he llamado «el justiciable de segunda». Y quizá quedarían más procedimientos con verdadera noción de justicia.

Donde el motor es la reclamación del cliente, y no las costas.

Cuando alguien tiene que pagar realmente a su abogado, el conflicto se selecciona de otra manera. Esto no es si queremos más o menos litigios. Es mucho más trascendente:

¿Qué tipo de litigios queremos incentivar?

Y sobre todo.

¿Qué tipo de abogacía queremos construir?

Yo lo tengo claro.

Una de prestigio y rentable, como antaño.

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