Un julio tranquilo

Hay algo que se repite cada verano en los despachos de abogados.

Julio se convierte en un mes de locura.

Sin sentido.

Sin necesidad.

Pero ocurre.

Y ocurre por dos cosas: los clientes — y muchas veces también los jefes — entran en pánico.

Les entra la prisa por dejarlo todo presentado antes del 31 de julio, como si el mundo se fuera a acabar.

Y hay despachos que se lo permiten.

Hay jefes que exigen a sus trabajadores que lo hagan.

Y hay abogados por cuenta propia que tragan y corren.

Pero la realidad es esta: agosto es inhábil.

Entre el 31 de julio y el 1 de septiembre hay un único segundo hábil.

No hay tiempo.

Agosto no existe.

Es un pozo.

Entonces, ¿Cómo hacer que julio sea un mes tranquilo?

Muy fácil.

Yo siempre uso dos argumentos, y funcionan:

1. Estoy cansado. En julio llego fundido. No veo bien. Y un abogado cansado es un mal abogado. Así de claro. Si lo hago en julio, lo puedo hacer mal. Y eso no le interesa a nadie.

2. En mi despacho mando yo. Nadie marca los tiempos salvo la ley. Si no hay una caducidad, prescripción o vencimiento legal ineludible, entonces las cosas salen cuando yo diga que salen. Eso se llama autoridad.

Cuando el cliente aprieta: autoridad.

Cuando el cliente protesta: autoridad.

Cuando marcas tu precio: autoridad.

Este es tu despacho.

Es tu casa.

Y tú decides cuándo sale cada cosa.

Porque ese cliente no es el único. Hay más gente esperando. Y esto es una línea de producción: sale lo que toca, cuando toca.

¿Quieres tener un julio tranquilo?

Quédate con esto:

Un abogado cansado es un mal abogado.

En tu despacho mandas tú.

AQUÍ creces con tu despacho.

PD: Julio lo sabe.


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